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Sierra & Tierra
Los Hispanos en la Vanguardia contra la Ofensiva de Sandy

Por Javier Sierra

La primera oleada destructora de la supertormenta Sandy nos abrumó los sentidos con la furia del viento y el rugido de las olas.

La segunda es un enemigo silencioso, pero también potencialmente mortal: un legado tóxico que ha cubierto el devastado paisaje de las costas de Nueva York y Nueva Jersey con una capa venenosa de sustancias químicas, barros sépticos y el moho negro.

¿Y quién está en el frente lidiando con el legado tóxico de Sandy?. Miles de trabajadores hispanos, en su mayoría indocumentados, atraídos por la enorme demanda laboral de la reconstrucción y dispuestos a trabajar "en lo que sea". Sólo una pequeña minoría de ellos realmente comprende el gran riesgo que corren al exponerse a esta amenaza tóxica.

El escenario de este dantesco drama parece pintado por un artista macabro. Al retirarse las inundaciones, Sandy dejó tras de sí un cóctel letal compuesto de contaminantes químicos (como aceite de motor y anticongelante), desechos agrícolas (como pesticidas y herbicidas) y barros sépticos que pueden contener más de 100 tipos de bacterias, virus y parásitos.

Además -- y este es el peligro más apremiante semanas después de la catástrofe -- las casas y edificios afectados por la tormenta, o lo que queda de ellos, están cubiertos por el moho negro que prolifera en cualquier superficie que haya estado expuesta al agua.

Según un estudio de la Union of Concerned Scientists, la exposición al moho puede causar alergias e irritaciones en las vías respiratorias, ataques de asma, infecciones cutáneas e incluso daños cerebrales. Los niños expuestos al moho tienen hasta un 400% más probabilidades de contraer asma.

Pero la vital contribución de trabajadores hispanos en reconstrucciones tras catástrofes nacionales no es nada nuevo. Y en demasiados casos, su recompensa ha sido explotación, devastadores daños a su salud o ambos.

Tras los ataques del 9-11, miles de trabajadores de limpieza, en su mayoría hispanos, laboraron durante semanas en el Punto Cero desconocedores de las sustancias tóxicas que les rodeaban, especialmente el polvo blanco que todo lo cubría. Hoy cientos de ellos han muerto o enfermado sin duda debido a las deplorables condiciones en las que trabajaron.

Cuatro años más tarde, unos 100,000 hispanos acudieron a la costa del Golfo de México atraídos por promesas de abundantes trabajos bien pagados en las labores de limpieza y reconstrucción tras el Huracán Katrina. Lo que encontraron en demasiados casos fue una explotación rampante o simplemente estafa por parte de sus patronos.

¿Hemos aprendido la lección? Todavía está por ver, pero vemos señales positivas en la respuesta a Sandy. La Secretaria de Trabajo, Hilda Solís, visitó a trabajadores migratorios en Staten Island, NY, para expresar su preocupación por ellos y para evitar "errores" del pasado.

"Queremos saber dónde hay problemas para encontrar las soluciones", dijo. "No tengan miedo de llamarnos. Todo es confidencial y estamos aquí para protegerlos".

Esta fuerza laboral móvil -- que "trabaja más duro que cualquier otra", en palabras de un contratista de Tuscaloosa, Alabama -- lo menos que se merece es un trato humano y justo, y esperamos que la administración se asegure de ello.

Pero lo que también esperamos es que el Presidente Obama cumpla con su reciente promesa de atacar de una vez por todas la raíz de Sandy y tantas otras catástrofes climáticas: el calentamiento global. Sandy ha despertado las conciencias de millones de escépticos que dudaban del cambio climático.

Pero las encuestas no dicen que, desde mucho antes de Sandy, para la inmensa mayoría de los hispanos el cambio climático es una realidad que debemos combatir. En esto también hemos probado estar en la vanguardia nacional.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígale en Twitter @javier_sc.


Sierra & Tierra
Latino Workers on the Front Line of Sandy Recovery Efforts

By Javier Sierra

The first wave of destruction unleashed by Super-Storm Sandy overwhelmed our senses with the fury of its wind and the rage of its surging waters.

The second one, though, is a quiet yet potentially lethal menace: Sandy covered the devastated landscapes of the New York and New Jersey coastline with poisonous layers of chemicals, raw sewage, and the perennial threat of mold.

And who is on the front line, dealing with Sandy’s toxic legacy? It's thousands of Latino migrant laborers, most of them undocumented, eager to take any job available, who have flocked to the region on account of the huge demand for reconstruction labor. Only a small minority of them, however, is even aware of the great risks they run by exposing themselves to this toxic threat.

The scene of this heartbreaking drama seems to be the work of some deranged artist. Sandy’s retreating floodwaters left behind a lethal cocktail of chemical pollutants, such as motor oil and antifreeze; farm runoff, including pesticides and herbicides, and raw sewage that can contain countless disease-causing bacteria, viruses, and parasites.

Moreover -- and this is the most pressing danger weeks after the catastrophe -- the homes and other structures hit by the storm, or whatever is left of them, are covered by noxious mold that can proliferate on any surface that has been in contact with floodwater.

According to a report by the Union of Concerned Scientists, exposure to mold can lead to allergies and irritation in the upper airway, asthma attacks, skin infections and even brain damage. Children exposed to mold are up to four times more likely to contract asthma.

Latino workers’ contribution to reconstruction after our national catastrophes is nothing new. But in too many cases, their reward has been exploitation, devastating health problems or both.

After the 9-11 attacks, thousands of cleanup workers, mostly Latinos, toiled for weeks in Ground Zero unaware of the toxic substances that surrounded them, especially the white dust that covered everything. Today, hundreds of these workers are dead or terminally ill. The deplorable conditions they worked under no doubt contributed to their health problems.

Four years later, some 100,000 Latino migrant workers, again mostly undocumented, rushed to the Gulf Coast lured by promises of abundant, well-paying jobs to clean up and reconstruct after the devastation wrought by Hurricane Katrina. What they encountered in too many instances was rampant corruption and crooked contractors who refused to compensate them for their hard work.

It remains to be seen whether we’ve learned our lessons, but there are definitely positive signs coming from the Obama administration in Sandy’s aftermath.
Secretary of Labor Linda Solís visited migrant workers in Staten Island, NY, to express her concern about their wellbeing and to avoid "past mistakes."

"We want to know where there are problems so we can find solutions,"said Solís.
"Don't be afraid to call us. Everything is confidential, and we are here to protect."

This mobile labor force "works harder than anyone else," in the words of a contractor from Tuscaloosa, Alabama. And the least they deserve is human, decent treatment, and we hope the administration will make sure that happens.

We also hope that President Obama fulfills his recent promise to tackle the root cause of Sandy and so many other natural catastrophes: climate disruption. Sandy’s rage has awakened the consciences of millions who doubted the reality of climate change, and invigorated a collective conviction to act.

Polls show the overwhelming majority of us Latinos accepted climate science well before Sandy hit, and we consider climate disruption a reality that we must confront.  We know this is true, because we are in the front line.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. Follow him on Twitter @javier_sc.


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