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Trucos Sucios al Carbón

Por Javier Sierra

La vieja industria energética, especialmente la carbonera y la petrolera, son expertos cocineros de algunas de las campañas políticas más sucias de la escena política de Estados Unidos.

Las negras huellas dactilares de estos chefs del engaño político están marcadas por todos lados en esta ciudad de mármol blanco llamada Washington, DC. Y su creación más reciente de tacos de mentiras nos la han servido al carbón, envuelta en tortillas de cinismo y desvergüenza.

Se trata de un escándalo que lleva ya un par de meses asombrando incluso a los observadores más resabiados de la capital, una campaña de mentiras y engaños diseñados para descarrilar el proyecto de reforma energética que se debate en el Congreso.

La cocina de la que provino fue Bonner & Associates, una firma de relaciones públicas dispuesta a jugar tan sucio como sus clientes, en este caso la industria carbonera, se lo pidan. De allí salieron al menos 13 cartas destinadas a miembros de la Cámara de Representantes en las que grupos cívicos se oponían a la nueva ley energética.

Una de las cartas provino de la organización comunitaria Creciendo Juntos, de Charlottesville, VA, de una tal Marisse K. Acevedo. Pero la carta, el nombre y el título eran todos falsos. Un empleado de Bonner & Associates se inventó todo el cuento para influenciar al Rep. Tom Perriello (D-VA).

El grupo carbonero que contrató a Bonner & Associates eventualmente se desmarcó de las cartas falsas diciendo que no tenía nada que ver con ellas. Pero el daño estaba hecho.

Al menos dos representantes más recibieron cartas fraudulentas de este empleado antes que la Cámara Baja votara, y aprobara por los pelos, el proyecto de ley energético. El escándalo provocó que una comisión del Congreso investigara el asunto. Hasta el momento se han identificado 45 cartas similares a las de Bonner & Associates, una firma que instruye a sus empleados a mentir para lograr sus propósitos y los incentiva para producir la mayor cantidad de cartas de este tipo.

Pero el escándalo que más nos duele a los hispanos no es sólo el uso fraudulento de una organización de base dedicada a beneficiar a la comunidad; es una industria carbonera que envenena el aire que respiramos y el pescado de consumimos.

Las plantas energéticas de combustión de carbón producen el 40% de los gases de calentamiento global en nuestro país. Sus emisiones tóxicas causan anualmente 21,000 hospitalizaciones, 38,000 ataques al corazón y 24,000 muertes innecesarias.

Según la Asociación Pulmonar Americana (ALA), el 80% de los latinos vivimos en condados que han violado los estándares federales de contaminación atmosférica.

ALA indica que un niño hispano tiene cerca de tres veces más probabilidades de contraer asma que un niño no hispano. El asma -una enfermedad agravada por las emisiones de carbón- se considera una epidemia en las comunidades de origen mexicano y puertorriqueño, casi dos tercios de la población hispana.

Según un estudio de LULAC, el 39% de los latinos vivimos a menos de 30 millas de una planta de carbón, el radio donde el hollín y otros contaminantes causan más daño.

Las plantas de carbón son también las mayores fuentes de mercurio, una toxina que causa daños cerebrales y hasta retardo mental. El mercurio se precipita a ríos y lagos por medio de la lluvia. Allí se convierte en su forma más tóxica, el metil-mercurio, el cual es absorbido por los peces, y los seres humanos lo ingieren al comer pescado.

Según el estudio de LULAC, las emisiones de mercurio nos impactan desproporcionadamente ya que en Estados Unidos hay 1.3 millones de pescadores de caña hispanos, quienes consumen lo que pescan con mucha más frecuencia que sus contrapartes anglos.

Pero el carbón no es el único cocinero de esta campaña mugrienta.

La industria petrolera sabe que la nueva ley energética sería el principio del fin de su virtual monopolio sobre el combustible del que depende nuestro sistema de transporte. Y ya ha lanzado una campaña nacional de desprestigio contra el proyecto energético comparable con la patrocinada por la industria de seguros médicos contra la reforma de ese sector.

Los carboneros y petroleros quieren taparnos los oídos para que no escuchemos las abrumadoras ventajas del proyecto energético, sobre todo para los hispanos. La iniciativa de energía limpia mejoraría el aire que respiramos, combatiría el calentamiento global, crearía millones de nuevos empleos y reforzaría nuestra seguridad nacional rompiendo nuestra adicción petrolera.

Ellos saben que si escuchamos, sus trucos sucios al carbón se les van a atragantar.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club.


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Cooking up Lies with Dirty Coal

By Javier Sierra

The old dirty energy industry, especially coal and oil, can count on an army of expert cooks who have concocted some of the dirtiest political campaigns in this country's history.

The black fingerprints of these chefs of political manipulation are all over Washington's white marble buildings. And their most recent creation has been served to us wrapped around tortillas of cynicism and shamelessness.

I am talking about a scandal that has astonished some of the capital's most battle-tested veterans, a campaign of lies and misinformation designed to derail the Energy Bill being debated in Congress.

The kitchen it came from is Bonner & Associates, a public relations firm that employed filthy tricks for its dirty clients, in this case the coal industry. Bonner & Associates sent at least 13 fake letters to members of Congress in which alleged civic organizations expressed their opposition to the Energy Bill.

One of the letters came from a community-based organization named Creciendo Juntos, in Charlottesville, Virginia, signed by a Marisse K. Acevedo. But the letter, the name and the title were all forged. A Bonner & Associates employee reportedly made up the whole tale to influence Rep. Tom Pirriello (D-VA).

The coal industry group that hired Bonner & Associates eventually disavowed the fake letters and claimed they had nothing to do with them. But the damage was already done.

At least two more representatives received forged letters from this employee before the House voted on, and wisely passed, the bill. The scandal triggered a Congressional investigation into the shenanigans. So far, staffers have identified 45 letters similar to the ones sent out by Bonner & Associates, a firm that reportedly instructs its employees to lie to achieve its purposes and provides incentives to churn out as many of these letters as possible.

But the scandal that hurts the most to Hispanics is not only the fraudulent use of a legitimate community-based organization dedicated to doing good. What hurts us most is the coal industry and its poisoning the air we breathe and the fish we eat.

Coal-fired plants produce 40 percent of the global warming gases emitted in the United States. Every year their toxic gases are responsible for 21,000 hospitalizations, 38,000 heart attacks and 24,000 unnecessary deaths.

According to the American Lung Association (ALA), 80 percent of us Latinos live in counties that have violated federal air pollution standards, as opposed to only 57 percent of non-Latino whites.

ALA says a Latino child is two and a half times more likely to develop asthma than a non-Latino white child. Asthma -an illness aggravated by coal emissions- is considered an epidemic in communities of Mexican and Puerto Rican descent, almost two thirds of the total Hispanic population.

According to a League of United Latin American Citizens (LULAC) study, 39 percent of Latinos live within 30 miles of a coal plant, the radius within which soot and other pollutants cause their worst damage.

Coal plants also are the biggest sources of mercury, a toxin that causes brain damage and even mental retardation. Rain washes mercury down to waterways and lakes, where it turns into its most toxic version, methyl-mercury, which is absorbed by fish. Human beings get it into their systems by consuming that fish.

According to the LULAC survey, mercury emissions have a disproportionate impact on Latinos. There are 1.3 million Hispanic anglers in the US, and many more of them consume their catch than their non-Latino white counterparts do.

But coal is not the only cook in this dirty kitchen.

Big Oil knows the new climate and energy bill would be the beginning of the end of its virtual monopoly over the fuel our transportation system depends on. And it has already launched a national campaign against the energy bill comparable to that sponsored by healthcare opponents to derail reform in that sector.

Big Coal and Big Oil are determined to cover our ears so we can't hear about the overwhelming advantages of the climate and energy bill, especially for us Latinos. This clean energy initiative would improve the air we breathe, fight global warming, create millions of new jobs and strengthen our national security by breaking our dangerous addiction to foreign oil.

They know if we all listen, they will choke on their dirty tricks.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist.


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