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Que Dios Nos Libre de Otro 9-11

Por Javier Sierra

Mientras se desvanecen los ecos del quinto aniversario del 11 de septiembre de 2001, o simplemente 9-11, para Alex Sánchez esa fatídica fecha se repite los 365 días del año.

"Yo vi los ataques del 11 de septiembre", recuerda Alex, un neoyorquino de 38 años y de origen dominicano. "Me sentí obligado a ayudar a la ciudad que me vio nacer. Fue un honor haber estado allí. Pero ahora no sé cuánto tiempo me queda".

Alex es uno de los miles de trabajadores latinos que acudieron casi de inmediato al Punto Cero para participar en las labores de limpieza de los edificios aledaños a las desaparecidas Torres Gemelas. Hoy, Alex está tan enfermo del polvo tóxico que todo lo cubrió que ha quedado incapacitado, y teme que los nódulos que se han detectado en uno de sus pulmones sean el principio de un cáncer.

"No me libro de esta tos, tengo mucha fatiga, un dolor que me revienta la cabeza, y una depresión inmensa", dice Alex. "Todavía tengo trozos de esos edificios en mi cuerpo, y me están matando".

Pero Alex también está enfermo de los espectaculares niveles de corrupción gubernamental que les ocultó a él y a otros miles de trabajadores y residentes los terribles peligros a la salud que les esperaban alrededor de las ruinas del World Trade Center.

Según documentos de una investigación interna de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), no sólo la Casa Blanca tranquilizó falsamente al público sobre las seguridad medioambiental en el Punto Cero -como ya se había develado- sino que la entonces Adminsitradora de la EPA, Christine Todd Whitman, también participó en estos engañosos esfuerzos.

Los documentos, descubiertos como parte de una investigación del inspector general de la agencia este mes, incluyen una entrevista con la entonces portavoz de Whitman, Tina Kreisher. Al preguntársele si existió una intención deliberada para tranquilizar al público, "La Sta. Kreisher dijo que sí existió tal intención. 'Este énfasis vino de la administradora [Whitman] y de la Casa Blanca'," según los documentos.

Hace dos años, el Sierra Club, en un explosivo estudio sobre la negligencia temeraria de la Administración Bush en el Punto Cero, advirtió que en los días, semanas y meses después de los ataques, la EPA debería haber sabido que en el medio ambiente había una gran concentracioón de sustancias tóxicas, como asbesto, benceno, dioxinas, PCB, y cemento y cristal pulverizados.

"Esto es negligencia y un acto criminal poner a la gente en peligro", dice Alex, quien reconoce que jamás hubiera entrado en el Punto Cero si hubiera sabido los peligros a los que se estaba exponiendo.

Los 25 compañeros de cuadrilla de Alex están enfermos con los mismos síntomas que él. De hecho, según un reciente estudio del Mt. Sinai Medical Center (MSMC) -la institución pionera en el tratamiento de las víctimas de la contaminación del Punto Cero- casi el 70% de los trabajadores está enfermo debido al contacto con el polvo tóxico. Miles de trabajadores latinos son víctimas de esta plaga.

"De los 16,000 participantes en nuestro programa de monitoreo de trabajadores del Punto Cero, 3,000 son latinos", dice el Dr. Rafael de la Hoz, especialista del MSMC. "En nuestro programa de tratamiento a enfermos del Punto Cero, los latinos constituyen un 33% de los pacientes, un poco más de 700".

La falta de seguro médico entre los latinos agudiza esta crisis.

"Un 40% de los participantes en el programa de monitoreo de salud carece de seguro médico", indica el Dr. de la Hoz. "Entre los latinos el porcentaje es aún más alto, como un 75%, lo que los hace, por esa y muchas otras razones, un grupo particularmente vulnerable".

Alex está en ese 75%. Antes del 9-11, ganaba unos $600 a la semana. Hoy sólo recibe $143 semanales como compensación laboral, aunque en principio se le prometió $243.

"Me siento como pidiendo limosna después de haber dado mi salud para ayudar a estabilizar Nueva York", se lamenta Alex, quien a duras penas mantiene a su madre y a su hijo de cinco años.

Pero el futuro no es halagüeño. Los mismos estándares federales de respuesta a emergencias ecológicas como el 9-11 se pusieron en práctica después del embate del Huracán Katrina con las conocidas catastróficas consecuencias. Y esos estándares siguen hoy vigentes, gracias a la Administración Bush.

Con razón Alex dice, "Que Dios nos libre de otro mal como el 9-11".

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Para más información: www.sierraclub.org/ecocentro.


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God Forbid Another 9-11
By Javier Sierra

As the echoes of the 9-11 fifth anniversary fade away, for Alex Sánchez that fateful date repeats itself 365 days a year.

"I saw the 9-11 attacks," remembers Alex, a 38-year-old New Yorker of Dominican descent. "I felt obligated to help the city that witnessed my birth. It was an honor to have been there that day. But now I don't know how much time I have left."

Alex is one of the thousands of Latino workers who almost immediately answered the call to participate in the cleanup efforts in the buildings next to the vanished Twin Towers. Today, Alex is so sick from the toxic white dust that covered everything after the attacks that he has been left incapacitated, and he fears the nodules that have been detected in one of his lungs could be the early stages of cancer.

"I can't get rid of this cough, I am very fatigued, I have this pounding head ache and immense depression," he says. "I still have chunks of those buildings in my body, and it's killing me."

But Alex is also sick of the spectacular levels of government corruption which hid - from him and thousands of other workers and residents - the terrible health dangers that were waiting for them near the ruins of the World Trade Center.

According to results from an EPA internal investigation revealed this month, not only the White House falsely reassured the public about the environmental safety in and around Ground Zero -as was previously disclosed- but then-EPA Administrator Christine Todd Whitman also participated in these efforts to mislead workers and residents.

The documents, unearthed as part of a 2003 Inspector General's investigation of the EPA's response to 9/11, included an interview with then-Whitman spokesperson Tina Kreisher. When asked whether there existed a deliberate will to reassure the public, "Ms. Kreisher said there was such an effort. This emphasis 'came from the Administrator [Whitman] and the White House'," according to the documents.

Two years ago, the Sierra Club, in a devastating study about the Bush administration's reckless negligence at Ground Zero, warned that in the days, weeks and months after the attacks, the EPA should have known that there were high levels of toxics, such as asbestos, benzene, dioxins, PCBs, and pulverized cement and crystal.

"This is negligence and a criminal act, to put people in danger," says Alex, who now acknowledges he would never have entered Ground Zero had he known the dangers he would be exposing himself to.

Alex's 25 fellow cleaning squad members are all sick with the same symptoms as his. In fact, according to a recent study by Mt. Sinai Medical Center -the institution that is leading the treatment of the victims of the Ground Zero contamination- almost 70 percent of workers are sick because of their exposure to the toxic dust. And the Latino workers who cleaned the neighboring buildings are paying a high price for their response to the emergency.

"Out of the 16,000 participants in our program monitoring the health of the Ground Zero workers, 3,000 are Latinos," says Dr. Rafael de la Hoz, a Mt. Sinai Medical Center specialist. "In our program of medical treatment of sick Ground Zero workers, Latinos constitute 33 percent of the patients, a little over 700."

The lack of health insurance among Latinos worsens this crisis.

"Forty percent of participants in our health monitoring program lack health insurance," says de la Hoz. "Among Latinos the percentage is even higher, some 75 percent, which makes this group, because of this and many other reasons, especially vulnerable."

Alex is among that 75 percent. Before 9-11, he earned some $600 a week. Today he gets just $143 a week in workers' compensation, even though he was promised $243.

"I feel like a beggar after having given my health to help stabilize New York City," laments Alex, who can hardly provide for his mother and his five-year-old son.

But the future does not look any better. The same federal standards used to respond to the 9-11 environmental emergency were applied after Hurricane Katrina hit the Gulf last year with well-known catastrophic consequences. And these standards are still current, thanks to the Bush Administration.

It's no wonder Alex says, "God forbid another 9-11."

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. For more information, please visit www.sierraclub.org/ecocentro


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