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Puerto de Entrada, Callejón Sin Salida

Por Javier Sierra

Nuestro país tiene un insaciable apetito por bienes importados, y su boca más ancha es el Puerto de Los Angeles, por el cual Estados Unidos engulle el 42% de sus importaciones.

La riqueza que entra por este puerto contrasta trágicamente con la pobreza del aire que genera el tráfico de mercancías. Y una de las mayores víctimas de este contraste es la vecina ciudad de Wilmington, cuya población es 85% latino y con una incidencia de cáncer cinco veces mayor que el norteamericano promedio.

Cada año unos 1,900 barcos recalan a éste, el mayor conglomerado portuario y de instalaciones petroleras del país, emitiendo miles de toneladas de humos del diesel. A este cóctel tóxico se unen las emisiones de miles de camiones, locomotoras y equipo portuario que transportan las mercancías hacia el resto del país.

"Esos son nuestros vecinos, los que están envenenando nuestro aire y a nuestros niños," se lamenta Jesse Marques, fundador y director ejecutivo de la Coalición para un Medio Ambiente Seguro. "Wilmington es única ya que ninguna otra comunidad portuaria en Estados Unidos se encuentra a sólo un bloque del puerto".

La Coalición realizó en 2001 un estudio de la salud de los residentes, el cual develó que "más del 40% de las familias tenía miembros con asma, bronquitis, sinusitis, cáncer de pulmón y otros problemas respiratorios", dice Marques.

Según la Junta de Recursos Atmosféricos de California, cada año 2,400 personas mueren en el estado a causa de la contaminación generada por la actividad portuaria.

En esta batalla, Wilmington se encuentra en medio del fuego cruzado. En septiembre un corte de energía eléctrica forzó a las refinerías quemar los gases acumulados en sus tuberías ya que no están diseñadas para dejar de funcionar en caso de emergencia. La quema duró horas, generó toneladas de gases cancerígenos y, según Marques, enfermó temporalmente a la mitad de la comunidad.

Wilmington constituye un ejemplo emblemático de una plaga nacional llamada injusticia medioambiental, la cual los latinos la sufrimos desproporcionadamente. Según el gobierno federal, tres de cada cinco hispanos vivimos cerca de un lugar tóxico, ya sea una autopista, un incinerador o, como es el caso de todos los residentes de Wilmington, de una refinería o un puerto.

Y en la inmensa mayoría de los casos, estos hispanos desconocen los riesgos que corren, como ocurría en Wilmington, hasta que Marques --quien, al igual que sus tres hijos, tiene problemas respiratorios-- dijo "basta".

"Cuando me enteré que el puerto tenía planes de triplicar el tamaño de sus instalaciones, dije se acabó", recuerda Marques. "Y cuando me enteré que ninguna agencia estatal o federal nos había dicho absolutamente nada de los peligros que corríamos, me di cuenta del alcance de la corrupción gubernamental y empresarial".

Y desde entonces, Marques y su Coalición se han convertido en una piedra en el zapato de los contaminadores.

A raíz del incidente en septiembre, la Coalición descubrió que el 90% de los residentes jamás había sido contactado por las refinerías ni las agencias gubernamentales sobre qué hacer en caso de tal emergencia.

Marques llevó el caso a las autoridades locales junto con otros tres grupos ecologistas y testificó durante audiencias públicas, lo cual logró que se aprobaran las reglas contra la quema de productos de refinería más estrictas en la historia de Estados Unidos.

La pasión y el empuje de Marques y sus voluntarios han movilizado a la ciudad de Wilmington, y sus victorias en la lucha contra los contaminadores se acumulan.

En sus inicios, la Coalición se unió a varios grupos, incluyendo el National Resources Defense Council, en un juicio contra la expansión ilegal del puerto, el cual se resolvió con el pago por parte de las autoridades portuarias de $60 millones para mejorar la calidad del aire. En marzo, otra alianza de la que formó parte la Coalición logró una resolución de $81 millones en un caso de contaminación ilegal contra British Petroleum.

La tarea de Marques y su Coalición no ha hecho más que empezar y les esperan innumerables retos. Pero su ejemplo demuestra una vez más que la unión hace la fuerza.

"Queremos llevar nuestro mensaje a todas las comunidades portuarias del país, porque aunque ésta sea la mayor, nuestros problemas los compartimos todos", dice Marques.

Su meta es que los puertos de entrada dejen de ser callejones sin salida para los latinos.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Para conseguir más información sobre la lucha de los residentes de Wilmington, lea sobre la serie televisiva del Sierra Club en www.sierraclubtv.org.


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Port of Entry, Pollution Trap
By Javier Sierra

Our country has an insatiable appetite for imported goods, and its biggest mouth is the Port of Los Angeles, through which the US gobbles up 42 percent of its imports.

The riches entering this port are in stark contrast with the poor air this traffic generates. And one of the biggest victims of this contrast is the neighboring city of Wilmington, whose population is 85 percent Latino- and five times more likely to get cancer than the average American.

Each year, some 1,900 ships arrive in Wilmington -- home of the largest port and refinery cluster in the country-- spewing thousands of tons of diesel fumes. To this toxic cocktail add the emissions of thousands of trucks, trains and other port equipment that distribute the goods to the rest of the country.

"The industries who are poisoning our air and our children are our neighbors," laments Jesse Marques, founder and executive director of the Coalition for a Safe Environment. "Wilmington is unique compared to other ports in the nation because its community is located only one block away from the port."

In 2001, the Coalition conducted a health study among residents and found that "more than 40 percent of families had members with asthma, bronchitis, sinusitis, lung cancer and other respiratory problems."

According to California's Air Resources Board, each year, 2,400 people die in the state because of ports and goods movement air pollution.

Wilmington is in the crossfire of a battle for healthy air. In September, a power outage forced the local refineries to burn substances accumulated in their systems because they are not designed to stop completely due to an emergency. The flaring lasted for hours, generated tons of cancer-causing smoke and, according to Marques, temporarily sickened half the residents.

Wilmington is an emblematic example of a national plague called environmental injustice, which we Latinos suffer from in disproportionate numbers. According to the EPA, three out of five Latinos live close to a toxic site, whether it's a freeway, an incinerator or, as is the case of Wilmington, a refinery or a port. And in the vast majority of instances, these Latinos are unaware of the risks to which they are exposed. That was the case in Wilmington as well, until Marques --who, like his three children, has respiratory problems-- said "enough."

"When I found out the port had plans to triple its size I said that's it," remembers Marques. "And when I found out that no state or federal agency had said anything at all about the risks we face, then I realized the extent of corruption in the government and the industry."

And ever since then, Marques and the Coalition have become a thorn in the side of the polluters.

After the September incident, the Coalition discovered that 90 percent of the Wilmington residents had never been contacted by either the refineries or government agencies about what to do in case of such an emergency.

Marques took the case to the Southern California Air Quality Management District and testified during a public hearing, which resulted in the approval of the most stringent anti-flaring rules in U.S. history.

The passion and drive of Marques and his volunteers have mobilized the city of Wilmington, and their victories in this fight against polluters keep piling up.

Shortly after its inception, the Coalition joined several other groups, including the National Resources Defense Council, in a suit against the port's expansion, which was settled with the payment by port authorities of $60 million, which was used to improve air quality. In March, the Coalition and its partners obtained an $80-million settlement with British Petroleum in a case of illegal gas emissions.

The work of Marques and his Coalition has just begun, and the group is facing endless challenges. But they are living proof that unity makes might.

"We want to bring our message to all port communities across the country because, although our port is the largest one, our problems are shared by all of them," says Marques.

If we come together to fight injustice, ports of entry don't have to be pollution traps for Latinos.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. For more information about the struggle of the citizens of Wilmington, read about our tv series at www.sierraclubtv.org.


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