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El Termómetro Humano

Por Javier Sierra

Laura Pugliese, una argentina que vive en Miami, nunca pensó que su cuerpo podría convertirse en un termómetro, un termómetro de toxicidad cuyos niveles se elevarían a niveles insospechados.

Hace dos años, se enteró que el envenenamiento de mercurio es un peligro cierto para ella y millones de mujeres en edad fértil, y se decidió a someterse a una sencilla prueba, dar una muestra de su cabello. El resultado la dejó de piedra ya que su nivel de mercurio excedía significativamente el máximo saludable adoptado por la Agencia de Protección Medioambiental (EPA).

"Estaba planeando tener mi primer hijo y decidí seguir una dieta estricta de vegetales y frutas y la única carne que comía era la de pescado," recuerda Laura. "¿Quién me iba a decir que lo que estaba haciendo era envenenando mi cuerpo?"

Resulta que el mercurio, en su forma más tóxica, el metil-mercurio, entra en el cuerpo humano a través del pescado. Y Laura, como millones de latinas más, consumía los tipos de pescado que contienen más metil-mercurio, el atún y el salmón.

Este veneno de gran toxicidad afecta el sistema inmunológico, altera los sistemas genético y endocrino, y daña el sistema nervioso. Pero el metil-mercurio es cinco veces más tóxico para el embrión, ya que puede causar graves problemas neurológicos y de aprendizaje, parálisis cerebral y hasta retardo mental. Los recién nacidos y los niños de corta edad son también especialmente vulnerables.

"Al ver los resultados tuve que hacer un cambio drástico en mi vida", recuerda Laura. "Decidí que no podía tener hijos. Era un riesgo demasiado grave".

Un nuevo estudio confirma que el problema de Laura es en realidad una epidemia. El informe -patrocinado por el Sierra Club y Greenpeace y publicado en febrero por la Universidad de Carolina del Norte- analizó muestras de cabello de más de 2,800 mujeres en edad fértil, de las cuales el 22.5% resultó tener niveles peligrosos de mercurio.

El sondeo confirma un informe previo de la EPA que asegura que hasta 630,000 bebés nacen cada año en Estados Unidos con peligrosos niveles de mercurio en la sangre. Dado que la tasa de natalidad de las latinas es la más alta del país, nuestras familias son especialmente vulnerables a los efectos de este veneno.

¿De dónde viene este mercurio? La mayor fuente son las plantas energéticas de combustión de carbón, las cuales emiten toneladas de este veneno cada año. El mercurio cae en forma de lluvia a arroyos, ríos y lagos, donde se convierte en metil-mercurio y es absorbido por los peces y el marisco.

La situación alcanzó niveles de crisis en 2004 cuando la EPA y la Administración de Alimentos y Medicinas emitieron una alerta de mercurio para aconsejar a las mujeres en edad fértil, las embarazadas y las madres lactantes que no comieran determinados tipos de pescado para evitar el envenenamiento.

Además, 45 estados han emitido advertencias similares; y de los cinco con más contaminación de mercurio, tres de ellos tienen una elevada población latina -Florida, Illinois y Texas.

Irónicamente, ya existe la tecnología necesaria para prácticamente eliminar la contaminación de mercurio. Lo que falta es la voluntad de implementar estándares ya existentes por parte de la administración Bush; y esto, Laura dice, es inaceptable.

"Como ciudadana de este país y de este planeta esta actitud del gobierno me enfurece", dice Laura. "Ya tenemos las soluciones para cortar esta epidemia. Creo que es vergonzoso lo que están haciendo contra el medio ambiente, que es lo que nos mantiene vivos a todos".

Hay sistemas que podrían reducir las emisiones de mercurio en un 90% y que a la industria generadora de energía le costaría implementarlos menos de un 1% de sus ingresos.

Sin embargo, esta industria prefiere invertir su dinero en influenciar a la administración -ningún otro político ha recibido más contribuciones de este sector que el Presidente Bush- para cambiar la ley que, si se dejara en paz, reduciría las emisiones de mercurio en un 90% para el año 2008

.

A cambio, la EPA anunció una regla que permite a las plantas de carbón emitir tres veces más mercurio de lo que exige la legislación actual.

Está claro que a esta industria y a la administración Bush no les preocupa que millones de mujeres se conviertan en termómetros de toxicidad. Le recomiendo entonces que si es mujer en edad fértil se haga la prueba del mercurio al igual que Laura. Visite www.sierraclub.org/ecocentro para enterarse de los detalles y de qué pescados se pueden o no comer.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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The Human Thermometer
By Javier Sierra

Laura Pugliese, an Argentinean who lives in Miami, never thought her body could become a thermometer- a toxicity thermometer, whose mercury would rise to unimaginable levels.

Two years ago, she found out that mercury poisoning was a clear and present danger for her and millions of other women of child-bearing age. She decided to test herself through a simple procedure that detects mercury levels in human hair. The results stunned her. Her mercury levels significantly exceeded the EPA's maximum acceptable, safe levels.

"I was planning to have my first baby and was following a strict diet of fresh fruit and vegetables, and the only animal protein I was eating was fish," Laura remembers. "I had no idea that I was actually poisoning myself."

It turns out that mercury in its most toxic form- methyl mercury- enters the human body through the fish we eat. And Laura, like millions of other Latinas, was consuming the kinds of fish that contain the most methyl mercury, tuna and salmon.

This very toxic poison affects the immune system, alters the genetic and enzyme systems and damages the nervous system. But methyl mercury is five times as toxic for an embryo- it can cause neurological problems, learning disabilities and even mental retardation. Newborns and very young children are also especially vulnerable.

"When I saw the test results I had to make a drastic change in my life," recalls Laura. "I decided not to have a baby. It was too grave a risk."

A new study confirms that Laura's problem is actually an epidemic. The survey -sponsored by the Sierra Club and Greenpeace and published earlier this month by the University of North Carolina at Asheville- tested hair samples from more than 2,800 women of child-bearing age, 22.5 percent of whom showed dangerous levels of mercury in their blood.

The report corroborates a previous EPA study saying that up to 630,000 babies are born each year in the US with dangerous levels of mercury. Since Latinas' fertility rate is the highest in the country, our families are especially vulnerable to the effects of this poison.

Where does all this mercury come from? The largest source is coal-burning power plants, which spew tons of this pollutant into the air each year. The mercury falls in the form of rain into lakes, rivers and streams, where it becomes methyl mercury and is absorbed by fish and shellfish.

This situation reached crisis proportions in 2004 when the EPA and the Food and Drug Administration issued an alert advising women of child-bearing age, pregnant women, and nursing mothers to avoid certain kinds of fish to prevent mercury poisoning.

45 states have issued similar warnings, and out of the five states with the most mercury pollution, three have very high Latino populations -Florida, Illinois and Texas.

Ironically, there already exists the necessary technology to practically eliminate mercury emissions. What is missing is the Bush administration's political will to enforce these existing standards. And this, Laura says, is unacceptable.

"As a citizen of this country and of this planet, our government's attitude infuriates me," says Laura. "We already have the solutions to stop this epidemic. I think it is shameless what they are doing against the environment, which is what keeps us all alive."

There are systems already in use that could reduce mercury emissions by 90 percent. To put them to work widely would cost the industry less than 1 percent of its revenues.

However, the coal sector opts instead to invest its money in influencing the administration -no other politician has received more contributions from this industry than President Bush- in order to change the law that, if left alone, would reduce mercury emission by 90 percent by 2008.

In return, the EPA announced a rule that allows coal-burning plants to spew three times more mercury than what the current law would permit.

The coal industry and the Bush administration are showing a callous indifference to the millions of women and children who will become toxicity thermometers. If you are a woman of child-bearing age, I recommend that you test yourself for mercury the same way Laura did. Visit www.sierraclub.org/ecocentro for details, and to learn which fish are safest to eat.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. The Sierra Club is America's oldest, largest and most influential grassroots environmental organization.


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