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Sed de Justicia

Por Javier Sierra

La Estrella del Caribe contiene un lucero que resplandece con especial brillo, un rincón del noreste de la isla de Puerto Rico que encierra uno de los tesoros naturales más excepcionales del mundo.

Pero si triunfa una propuesta de desarrollo turístico, el futuro de este lucero será todo menos brillante.

Se trata del Corredor Ecológico del Noreste, una joya de bosque pluvial y costero que se encuentra tal y como lo pudo haber visto Cristóbal Colón. El corredor se extiende por sólo 3,200 acres; pero allá se concentran siete ecosistemas distintos que atesoran especies animales y vegetales únicas o de extrema rareza, bosques, pantanales y comunidades de coral. Las playas del Corredor son uno de los mayores centros de anidaje del tinglar, la mayor tortuga marina del mundo, una especie en peligro de extinción.

Pero este derroche de belleza prístina que llena de orgullo a los puertorriqueños está a merced de la Junta de Planificación de la isla, la cual decidirá si en el Corredor y sus alrededores se construirán cinco enormes balnearios turísticos. Dos de ellos -el San Miguel Resort, de la cadena Four Seasons Hotels, y el Dos Mares Resort, de la corporación Marriott International- están en avanzado estado de aprobación gracias a sus buenos contactos con el gobierno de la isla.

"En el caso del San Miguel Resort", dice Luis Jorge Rivera-Herrera, miembro de Iniciativa para un Desarrollo Sustentable, "el socio local es uno de los mayores contribuyentes al oficialista Partido Popular Democrático. El Secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales apoyó recientemente el proyecto. Su esposa, ex consultora del San Miguel Resort, se desempeña actualmente como asesora de la Gobernadora Sila Calderón".

Los dos proyectos construirían 3,500 unidades hoteleras o residenciales, más cuatro campos de golf, en 1,300 acres del Corredor. Los promotores alegan que las instalaciones protegerán el entorno natural, atraerán riqueza para la zona y generarán empleo.

Los residentes, sin embargo, se oponen enfáticamente a la construcción. Por un lado, la zona sufre una alarmante escasez de agua debido en gran parte a que ya existen cuatro balnearios similares cerca del Corredor. Los 25,000 residentes soportan un déficit de 4 millones de galones de agua diarios, el cual exige constantes racionamientos.

Por otro lado, los balnearios han perjudicado la economía de la zona. Los turistas son transportados en autobús a megatiendas próximas en lugar de frecuentar los comercios de los pueblos de la zona, como Luquillo y Fajardo. Los hoteles también han cerrado el acceso a siete playas que solían utilizar los pescadores de la zona.

"En lugar de comprarnos el pescado fresco, los hoteles lo traen congelado de Dios sabe dónde", dice Miguel Dávila, un líder pescador de Fajardo. "Nos hemos empobrecido. Aquí hay sed de justicia. Nos oponemos rotundamente a la construcción de los hoteles".

Los proyectos hoteleros están despertando tal oposición e indignación popular que empiezan a parecerse a las que lograron terminar con el polígono de tiro de la Marina en la vecina isla de Vieques. Varios grupos locales han movilizado a la comunidad, y el 3 de febrero, unas 200 personas protestaron durante una audiencia pública de la Junta de Planificación sobre la construcción de los balnearios.

Los activistas locales han tratado de convertir al Corredor en hábitat crucial para especies como el carey de concha. Pero ha sido en vano, ya que desde que llegó al poder, la Administración Bush ha desprotegido 16.4 millones de acres de entornos cruciales y se ha opuesto a aumentar la lista de especies en peligro de extinción.

Hay quienes piensan que proteger la zona elimina oportunidades económicas. Pero en Puerto Rico existe una saturación de turismo de lujo, el que atraerían estas nuevas instalaciones, las cuales ofrecen trabajos de temporada, demasiado breves para que los empleados reciban beneficios decentes. Se trata además de complejos cerrados que impiden la interacción con los residentes locales, "como si nos tuvieran miedo", dice Dávila.

Los líderes locales defienden convertir el Corredor en una reserva natural en la que se construyan instalaciones hoteleras de mínimo impacto ecológico que utilicen la zona y sus comunidades aledañas como la principal atracción turística. Esta alternativa no sólo preservaría el incalculable valor natural del Corredor; también atraería riqueza para la empobrecida economía local.

Esto además lograría colmar la sed de justicia de personas como Dávila y Rivera-Herrera y dar un paso más en la lucha por proteger luceros como el Corredor, que a todos nos pertenecen.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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Thirst for Justice
By Javier Sierra

There's an especially bright glimmer on the Star of the Caribbean. That glimmer rests in the northeastern corner of Puerto Rico, which contains one of the most exceptional natural treasures in the world.

If a resort development proposal goes forward, this glimmer will go dull.

I am talking about the Northeast Ecological Corridor, a coastal rain forest which looks today pretty much the way it would have looked to Columbus. The Corridor encompasses only 3,200 acres, but holds seven distinct ecosystems containing unique and rare plant and animal species, as well as forest, wetland and coral communities. The Corridor's beaches are one of the most important nesting grounds for the leatherback turtle, the largest sea turtle in the world and an endangered species.

But this display of pristine beauty in which Puerto Ricans take so much pride is at the mercy of the island's Planning Board, which will decide if five huge resorts will be built in and around the Corridor. The approval process for two of them -the Four Season's Hotels' San Miguel Resort and Marriott International's Dos Mares Resort- are moving ahead rapidly because of insider contacts within the Puerto Rican government.

"In the case of the San Miguel Resort," says Luis Jorge Herrera, member of the Initiative for Sustainable Development, "the local developer is one of the largest contributors to the party in power, the Popular Democratic Party. The secretary of the Department of Natural and Environmental Resources recently endorsed the project. His wife, a former consultant to the San Miguel Resort project, is now an advisor to Governor Sila Calderón".

The two projects will include 3,500 hotel and residential units, plus four golf courses, which will destroy 1,300 acres of the Corridor. The developers allege the resorts will protect the environment, attract growth for the area and generate jobs.

The residents, nevertheless, categorically reject the development projects. On one hand, there is an alarming lack of water largely in the area because of four existing resorts near the Corridor. The area's 25,000 residents face a 4-million-gallon daily deficit, which forces them to ration water constantly.

The resorts have also damaged the local economy. Tourists are shuttled by the busload to nearby mega-stores instead patronizing local businesses in area's towns, like Luquillo and Fajardo. The resorts have also blocked access to seven beaches for the local fishermen.

"Instead of buying their fish from us, they bring it in frozen from God knows where," says Miguel Dávila, a local fisherman and community leader. "This situation has impoverished us. We have thirst for justice. We adamantly oppose the construction of the resorts."

The projects have causes opposition and outrage starting to equal that seen on the neighboring island of Vieques, which led to the Navy's relinquishing its shooting range there. Several local groups have mobilized the community, and on Feb. 3, some 200 people protested during a public hearing by the Planning Board about the resort projects.

Local activists have pushed to see the Corridor protected as critical habitat for species including the Leather Back Turtle. But those efforts have been to no avail, since taking office, the Bush Administration has removed 16.4 million acres of critical habitat protections and has opposed increasing the number of species threatened with extinction.

Some might say that turning the area into critical habitat eliminates economic opportunities for the area. But in Puerto Rico there is a saturation of luxury tourism offers -the kind these resorts attract- which only offer seasonal employment, too short for workers to get decent benefits. Also, these are gated communities which keep tourists from interacting with local residents, "as if they were afraid of us," as Dávila puts it.

Local leaders are saying turn the Corridor into a natural reserve featuring lodging facilities with minimal ecological impact which use the area and its neighboring communities as the main tourist attractions. This alternative would not only preserve the Corridor's incalculable natural value but also would generate wealth for the impoverished local economy.

It would also quench the thirst for justice of people like Dávila and Herrera and advance one step further the fight to protect bright spots like the Corridor, which belong to us all.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. The Sierra Club is America's oldest, largest and most influential grassroots environmental organization.


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