Printer-friendly version Share:  Share this page on FacebookShare this page on TwitterShare this page by emailShare this page with other services

La Chispa de la Esperanza

Por Javier Sierra

En el reparto de los naipes de la vida, a Juan Martínez aparentemente le tocó una pésima mano.

Cuando este joven residente de uno de los barrios más peligrosos de Los Angeles se asomaba por su ventana, veía un desolador paisaje de pobreza, violencia pandillera, evasión escolar y futuros destrozados.

Ninguno de los jóvenes que viven en su bloque de casas se ha graduado de secundaria. La mayoría de ellos se ha evadido de la escuela. Muchos tienen ya varios hijos antes de cumplir los 20 años. Muchos otros están en la cárcel, y algunos murieron en las guerras entre pandillas.

Juan era un candidato más a caer por la orilla del camino.

Hasta que un buen día, cuando tenía 15 años, encontró "la chispa de esperanza que tanto estaba buscando." Esa chispa fue un viaje a las montañas de Wyoming, como parte de un programa patrocinado por el Sierra Club.

"Gracias a esta experiencia", dice Juan, "recibí la terapia del alma de la Madre Naturaleza. Allá fue donde encontré la pasión de mi vida. Fue la primera vez que entré en contacto con la Naturaleza, la primera vez que estuve lejos de mi casa, de mi ciudad, la primera vez que viajé en avión. ¡Allá fue cuando di mi primer beso!"

Hay cientos de miles de niños y jóvenes latinos en Estados Unidos que jamás han visto el océano ni visitado las montañas. Para ellos la Naturaleza es sólo una palabra más que no tiene por qué escribirse con mayúscula. Pero para Juan, sí.

"Me di cuenta de que la vida era maravillosa. Me di cuenta de que el mundo no sólo estaba hecho de concreto ni de ciudades llenas de contaminación. Me acuerdo un día que estaba a menos de 20 pies de un bisonte, y tuve que pellizcarme para darme cuenta de que no lo estaba viendo en la televisión".

Varios jóvenes de escuelas secundarias rivales de Los Angeles -Dorsey (la de Juan) y Crenshaw- participaron en la excursión a Wyoming. La rivalidad entre las escuelas iba más allá de las envidias de equipos deportivos. Las tensiones entre las dos a menudo estallaban en violencia pandillera. Pero allá, en la Naturaleza, Juan dijo que las barreras se derrumbaron. Las gente se abrió unos a otros.

"Allá a los árboles no les importa de qué raza eres, siguen compartiendo su sombra. Al agua no le importa de qué nivel social eres, te sigue ofreciendo vida". Y con buen humor agrega: "Y créeme, a los mosquitos tampoco les importa quién eres, igual te chupan la sangre".

El ejemplo de Juan es la prueba de que la experiencia de la Naturaleza tiene el potencial de cambiar vidas, como bien saben educadores, padres y los entusiastas de los entornos naturales. Los miembros de las fuerzas policiales también han observado que los jóvenes más vulnerables se benefician de los programas educacionales de la Naturaleza.

De hecho, desde su fundación en 1892, el Sierra Club ha considerado las excursiones una actividad fundamental para mejor "explorar, disfrutar y proteger el planeta", como reza el lema de la organización. Su fundador, el naturalista John Muir, quedo prendado de las maravillas naturales y considera las excursiones como un bálsamo para el alma.

"Todos necesitamos la belleza tanto como el pan, lugares para disfrutar y rezar, donde la Naturaleza puede curar y dar fuerzas al cuerpo y al alma", escribió Muir.

Desde entonces las excursiones del Club han transformado a millones de personas, como Juan, quien ahora es un asesor de Outward Bound Adventures, Inc., una organización de Pasadena que ofrece viajes a parajes naturales para jóvenes de centros urbanos. Ahora él es el instructor y guía de los participantes. Asimismo, es el primer graduado de secundaria de toda su familia y está estudiando en el Pasadena Community College. Su sueño es llegar a ser abogado del medio ambiente.

Y eso no es todo. Su hermana más joven, quien tiene 15 años, acaba de conseguir una beca de Outward Bound y va a pasar 22 días en la Sierra Nevada este verano, siguiendo los pasos de su hermano mayor.

Afortunadamente para Juan, entre sus naipes encontró el comodín de la Naturaleza.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


Up to Top

A Spark of Hope
Por Javier Sierra

When life's cards were dealt, Juan Martínez got a lousy hand.

Looking out his window, this young resident of one of Los Angeles' most dangerous barrios saw a bleak landscape of poverty, gang violence, school dropouts and shattered futures.

None of the young people living on his block had graduated from high school. Most of them had dropped out. Many already had several children of their own. Many others were in prison, and some had died in gang wars.

Juan might have gone down this same road.

But when Juan was 15, he found "the spark of hope that I very much longed for." That spark was an outing to the Grand Teton Mountains, Wyoming, as part of a program sponsored by the Sierra Club.

"This experience provided me with Mother Nature's therapy for the soul," says Juan. "It is there that I found my passion in life. It was my first time to experience nature, first time away from home, from the city, first time to fly on a plane. It was even where I had my first kiss!"

There are hundreds of thousands of Latino youth in this country who have never seen the ocean or visited the mountains. For them, Nature is just one more word that does not necessarily need to be capitalized. But for Juan, it does.

"There I realized that life was beautiful. I saw that the world was not just concrete, streetlights or smog-infested cities. I remember a day being less than 20 feet away from a bison, and having to pinch myself to realize that I was not watching 'Nature' on PBS."

Teens from rival Los Angeles high schools -- Dorsey (Juan's alma mater) and Crenshaw -- attended Teton Science School at the same time. The school rivalry extended far beyond the typical sport team jealousies. Tensions between the schools often erupted in gang violence. But at Teton, out in Nature, Juan said that the barriers fell away. People opened up to each other.

"It's out there where trees don't care what race you are, but they still share their shade; water doesn't care what kind of income level you come from, but still it provides life"; and with a sense of humor, he adds: "And believe me, mosquitoes really don't care who you are, they still suck your blood."

Juan's example proves that Nature's experience has the potential to change lives, as educators, parents and outdoors enthusiasts will attest to. Law enforcement officials have also observed that at-risk youth benefit from Nature educational programs.

In fact, since its foundation in 1892, the Sierra Club has considered outings a fundamental activity to better "explore, enjoy and protect the planet," as its motto reads. Its founder, naturalist John Muir, fell in love with Nature's wonders and considered outings a balm for the soul.

"Everybody needs beauty as well as bread, places to play in and pray in, where nature may heal and give strength to body and soul alike," he wrote.

Ever since then, the Club's outings have transformed millions of people, like Juan, who now is an advisor to Outward Bound Adventures, Inc., a Pasadena group that offers outings to the wilderness for inner city youth. He guides other young people in Nature. Also he is the first high school graduate in his family ever and now attends Pasadena Community College. His dream is to become an environmental lawyer.

And that is not all. His 15-year-old sister, following on Juan's footsteps, has obtained an Outward Bound scholarship to spend 22 days in the Sierra Nevada this summer.

Fortunately for Juan, in the game of life, he found the Nature card.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. For more information, please visit www.sierraclub.org/ecocentro


Sierra Club® and "Explore, enjoy and protect the planet"® are registered trademarks of the Sierra Club. © 2014 Sierra Club.
The Sierra Club Seal is a registered copyright, service mark, and trademark of the Sierra Club.